Un día más no he podido resistir la tentación de intentar saber lo que sucede en el mundo. No escarmentaré nunca. Muchas veces me creo lo que cuentan como si se tratara de la verdad. Terrible inocencia la de todos aquellos que, en algún momento,  confundimos la información con la realidad…

Enciendo la televisión y veo como nos cuentan el triste espectaculo de un Consejo General del Poder Judicial envuelto en diatribas de barrio bajo,  en un intento por esforzarse en  dignificar aún más ese PoderJudicial que-como otros- vive sus horas más bajas. Y me da pena comprobar que tambien a este nivel España se organiza a través de bloques. Siempre es igual. Un grupo frente a otro, una supuesta ideología frente a otra, unos intereses intentando destruir los intereses contrarios. Es esta España gregaria en la que no hay convicciones asentadas en solidos argumentos sino tan solo homenajes al refranero, sobre todo a aquel que dice “donde va Vicente…, donde va la gente”. Una sociedad en la que nada ni nadie posee verdadera autoridad moral para aparecer ante los demás sin que le respondan : ¡Y tú más!. Esto es todo lo que dan de sí los debates de nuestro tiempo. Algunos, ni eso.

Dejo la televisión y consulto mi correo electrónico. Un amigo me ha enviado un testimonio gráfico de una gran matanza de nigerianos a los que han quemado vivos por ser cristianos. Sí, igual que en la época de Diocleciano, Vespasiano, Tito o Nerón. La imagen es estremecedora pero ningun periódico se ha hecho eco de una noticia como ésta que envilece al genero humano, zarandea los cimientos de la sensibilidad y la moral y cuestiona radicalmente eso que algunos, cada vez menos, llaman “el progreso de la humanidad”.

Me veo en la necesidad de cambiar de fuentes de información y abro el periódico por una página en la que se informa de una sentencia dictada en las Islas Baleares y que se condena a un médico por haber fallado a la hora de realizar un aborto. Esto es, por  no haber obtenido un resultado exitoso se le exige el pago de un pensión durante 25 años al niño nacido contra la más absoluta voluntad de su madre. Perdón, progenitora. ¿Como podremos explicar a una criatura que su “madre” ha denunciado al médico que no hizo bien su trabajo a la hora de impedir el desarrollo definitivo de ese nuevo ser? Solo es una pregunta. He decidido no juzgar a ninguna persona, tan solo juzgar situaciones. Y la derivada de esta noticia me produce repugnancia y pena, mucha pena.

Por fin, creo que lo mejor será distraerme con un poco de fútbol, esa especie de deporte bañado en miles de millones de euros en una España en ruinas, donde UNICEF nos anuncia que un 26 por ciento de nuestros niños viven por debajo del umbral de pobreza. Tampoco, por cierto,  nos hemos hecho muncho eco de esto porque expresarlo como lo estoy haceindo ahora, es demagogia pura.

Este es el argumento definitivo hoy. Todo lo que molesta, todo lo que realmente “es” y lo que realmente pasa es despachado como demagógico para darle carpetazo. Pues ni eso. El negocio del balón se inaugura hoy con un montón de miles de maleducados despreciando las instituciones y los símbolos que para muchos poseen un elevado valor y hacia los que se profesa un cierto respeto. Pero esto tambien carece de importancia. Todos callados, por favor. Miremos a otro lado. Parece que somos sujetos negativos, pesimistas. No, por favor. Todo va bien. Apretemonos un poco más el cinturón porque eso es lo importante, lo único que hay que hacer en esta hora que nos tocó vivir. Hay que salir de esta crisis económica por encima de todo. La perdida de valores que la ha ocasionado no cuenta. Los valores no existen.

¿Cuantas voces hablan de principios y valores a la hora de reconstruir una sociedad tambaleante como la nuestra? ¿Donde están las referencias morales de nuestro tiempo? ¿Donde la voz de los intelectuales desvinculados y libres de ataduras político-económicas?

A finales del siglo XIX una generación que conocemos como la del 98, configurada alrededor de hombres como Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle Inclán, Angel Ganivet, Ramiro de Meztu, Pio Baroja y algunos otros, era capaz de levantar la voz y cada palabra pronunciada por cualquiera de ellos, cada letra escrita de sus manos y, en algún caso, hasta cada mirada de alguno de sus más afilados exponentes,  hacía temblar la inconsistencia de la gran mayoría, especialmente la de aquellos que  creían ostentar elevados niveles de relevancia social y no eran más que petimetres al servicio de la estulticia.

No han cambiado tanto las cosas salvo que, solo un siglo después, se han acallado las voces de la cultura, la crítica constructiva, la agudeza intelectual y el ejemplo. Sí, sobre todo el ejemplo. Es indispensable ayudar a que afloren voces, testimonios, argumentos racionales y emocionales basados en la búsqueda de la verdad, de la honestidad y la solidaridad. Estamos cansados de la mediocridad, del mal gusto, de la mentira y de que el más ignorante se sienta maestro.

Por favor, si quedan algunos maestros, que se hagan ver, que nos digan algo, que nos ayuden a poner en valor una humanidad en cuyo destino algunos todavía nos sentimos comprometidos…

Salgamos de esta crisis pero no para volver a la falta de valores que la originó sino para crear horizontes nuevos. No permitamos que solo se escuche la voz de quien no tiene nada que decir más allá de creer que los demás carecemos de inteligencia.

Hay mucho que hacer.^Por el momento os invito a dar vuestra opinión, a facilitar nuestra comprensión de las cosas y a preguntarnos juntos por aquello que no terminamos de entender. Os invito a construir entre todos este “loro falaz” por el que queremos comenzar a decir que “otra cosa es posible si se escucha a los que -culpablemente- tantas veces nos callamos, asentimos o miramos hacia otro lado.

Anuncios