Nuestro loro falaz está abierto, como es sabido, a cualquier colaboración que contribuya a aumentar el conocimiento o a aportar opinión sobre cualquier cuestión.

En esta ocasión, Mario Muñoz, un futuro “criminólogo”, además de ahijado de quien suscribe, nos hace llegar su opinión sobre la disciplina que le ocupa apuntando, por cierto, muy buenas maneras…

Por eso queremos compartir sus reflexiones con nuestro seguidores.

Criminología, ¿Qué suscita ésta palabra a nuestros sentidos? ¿Qué entendemos por criminología? Quizás para la inmensa mayoría suponga un desfigurado entorno, algo bizarro, desconocido; iluminado por halógenos ultravioleta. Una morbosa y atractiva visión de la muerte, donde no sabríamos trazar la línea que separa la ciencia ficción de la realidad. Una distorsionada visión comercial de la criminología real donde Tánatos, en un alarde de erotismo, seduce nuestros sentidos y despierta nuestra fascinación por monstruosos perfiles psicopáticos, asesinos en serie y seres grotescos construidos a partir de las mentes de sagaces guionistas y productores quienes ponzoñan las mentes de la gente. Ésta es la imagen popular de la Criminología que desde los años noventa se nos ha inculcado mediante elaboradas series de televisión, películas y libros.

Las modas, los medios de comunicación, las alarmas sociales actuales y los excelentes profesionales del mundo del marketing se han encargado de proyectar sobre la esponjosa sociedad una imagen del criminólogo que se aleja, cada vez más, a pasos agigantados de la realidad. Existe una cantidad ingente de material que trata de acercar esta ciencia a la gente, de un modo que hacen creer al televidente que lo que ven es verídico y real, llegando en ocasiones a incluso persuadir al espectador de que dispone de ciertos conocimientos o posee determinadas habilidades propias de un criminólogo solo por ser un consagrado seguidor de esta ciencia en cualquiera de los soportes en que se le ofrece. En estas construcciones, se nos muestran personajes enérgicamente carismáticos capaces de realizar tareas de investigación, recogida de pruebas e indicios, detenciones, interrogatorios, labores realizadas en la científica entre tecnológicos entornos y alquimias excesivamente reduccionistas, resolviendo la totalidad de sus casos…

Seamos críticos señores. ¿Alguien se ha tomado la molestia de pensar que esto resultaría inviable en la vida real? ¿Alguien conoce las estadísticas reales del porcentaje de resolución de los delitos? ¿Se conoce en la calle la famosa “cifra negra”? La criminología es real, y es compleja… No podemos creer que la figura del criminólogo es la que proyectan tipos llamados Horatio Caine, Gilbert Grissom o Tomas Sóller. La criminología la hacen nombres como Cesare Lombroso, Rafael Garófalo, Émile Durkheim, Franz Von Liszt, Antonio García-Pablos de Molina, César Herrero Herrero… y la lista continúa. Si bien es cierto que la anteriormente citada atractiva visión que ofrecen los medios acerca de la criminología y la figura del criminólogo puede llegar a resultar tremendamente seductora, como estudiante de criminología debo alzar la voz enérgicamente y arrojar luz sobre el asunto:

Entiendo que no es una representación adecuada de lo que es la Criminología, respetando la existencia de esta visión comercial, la cual no pretendo que desaparezca. Pero creo que debe de conocerse también la realidad que acontece, y en base a esta convicción deseo trasmitir la imagen que poseo de la criminología, la cual he heredado de ilustres docentes tales como Rafaél Fontán Tirado (Profesor de Derecho penal y Criminología en la UEM. Abogado penalista), Jorge Ramiro Pérez Suárez (Criminólogo y abogado colegiado por el ICAM y por la Law Society of Scotland) o el excelentísimo Sr. D. José Manuel Maza (Magistrado del Tribunal Supremo).

Así pues, entiendo la Criminología como una ciencia empírica y formidablemente multi-disciplinar, orientada al estudio del fenómeno criminal el cual, citando textualmente al célebre César Herrero Herrero del que me enorgullezco de haber sido alumno, se trata de un objeto de estudio poliédrico cuyas aristas son el delincuente, el delito, la víctima y el control social. El delito, y más en concreto determinados hechos antijurídicos de gran peso y revuelo social, no suponen el único objeto de estudio de esta ciencia, sino todos las posibles fenómenos que el acto criminal (o meramente desviado) ocurren en el propio autor, en sus victimas y, por supuesto, en la sociedad como grupo. Esta compleja y altruista tarea conlleva una síntesis de infinidad de teorías y conocimientos que involucran a ciencias tan dispares como la Antropología, el Derecho, la Sociología así como la Psicología, la Psiquiatría, la Medicina legal y Forense, etc. La clara configuración inter-multi-disciplinar, y perdón por el vocablo, la lleva, incluso en ocasiones, a ponerse en contacto con las Ciencias Políticas y el Urbanismo, orientándose así la Criminología en su vertiente más preventivo-situacional.

Cómo desmentir entonces que la Criminología es una ciencia que estudia de manera rigurosa y sistemática al hombre y la sociedad en su faceta más oscura y siniestra, comportándose como un objetivo Demiurgo, el cual ni juzga, ni etiqueta. En la Criminología no existen Quimeras ni Belerofontes, ni hay criaturas monstruosas configuradas siguiendo fielmente manuales acerca de las psicopatías. En la criminología empírica no hay lugar para seres de insultante vanidad. La criminología es puramente humana y humanista, y en ella solamente está el hombre en su más ardiente y plausible manifestación.

No dedicaré palabras a manifestar la importancia de la criminología, y menos en los tiempos que corren, puesto que la evidencia de la misma es innegable. La criminología debe de ser la hermana del Derecho Penal, actuando como balanza y aportando un enfoque científico, una política criminal que se adecue, conforme a la situación historico-cultural, a la realidad. Que busque la prevención y reducción del crimen. Que trate de mantener el delito en unos niveles tolerables y aceptables para el desarrollo de la actividad social, puesto que su erradicación supondría una utopía autoritaria que distaría pársecs de un estado democrático de derecho. Que busque una realidad penal equilibrada entre prevención y retribución, tratando de reinsertar al delincuente, no condenarlo de por vida a un encierro contraproducente y potencialmente criminalizador. Coherente con las víctimas, consciente del entorno; objetiva y que no se deje influir por el alarmismo social y las políticas demagógicas a las que estamos acostumbrados.

Éste, y no otro, es el trabajo de la Criminología. Éste es el futuro del criminólogo.

Mario Muñoz Anguita
Estudiante de Criminología en la Universidad Europea de Madrid

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